El buen salvaje o mito del buen salvaje es un lugar común o tópico literario en la literatura y el pensamiento europeo de la Edad Moderna, que nace con el contacto con las poblaciones indígenas de América. Desde el famoso texto de Cristóbal Colón en el que dice haber llegado al paraíso terrenal, la imaginación se desbordó para atribuir todo tipo de bondades ingenuas a los indígenas (los naturales, como se les llamaba en los documentos españoles de la época).
Las utopías del siglo XVI (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la Locura; Tomás Moro, Utopía) y obras como la de Baltasar Gracián (El Criticón) en el siglo XVII, llevan a la definitiva discusión de la naturaleza humana como mala por naturaleza (Leviathan de Hobbes) o buena por naturaleza. Así lo pretendió la Ilustración (Locke y sobre todo Rousseau), que vuelve a descubrir ejemplos de buenos salvajes en las islas del Pacífico (tropicales y paradisíacas como las Antillas, con indígenas desnudos de fácil trato y naturaleza pródiga) que describen viajeros como James Cook y producen historias como la del motín del Bounty.
También contribuyó a la extensión del uso del concepto el hallazgo de niños salvajes o niños ferales (Victor de Aveyron y Kaspar Hauser), que a su vez tuvieron tratamiento literario y cinematográfico, por sí mismos o como inspiración. El tema aparece en conjunción con el exotismo de los pueblos extraeuropeos en El libro de la selva o Tarzán.
El concepto de civilización se convirtió en la bandera de la idea de progreso en la que tan cómodamente se sentía la burguesía capitalista, nueva clase dominante, que justificaba el dominio europeo, paternalista y colonial, sobre los pueblos salvajes. La antropología y la etnología, nacientes en el siglo XIX, tuvieron que esforzarse mucho por transformar ese mito en ciencia, a lo que contribuyó en buena parte el relativismo cultural y el concepto de la alteridad.
En el caso de los Pirineos albergan los glaciares cuaternarios situados más al sur de Europa, nieves permanentes, tresmiles, y aunque cada vez más escasos, aún quedan parajes todavía no pisados por el hombre. Sin embargo, la cultura pirenaica es una de las mas antiguas del mundo, a juzgar por el rico legado arqueológico hallado, por su folklore, por su mitología, por sus tradiciones. En el siglo pasado circuló el rumor de la existencia de un Hombre de las Nieves de los Pirineos. Parece que fue visto un gigante cubierto de pelo blanco en zonas del Ripollés y Cerdaña. En el Pirineo oriental permanece una leyenda, la del Nonell de la Neu, un gigante blanco que vaga por las montañas después de ser convertido en un anciano por la maldición de una muchacha.
Pues bien, en nuestros días, en una pequeña aldea situada en los Pirineos de Aragón, Lafortunada, vive una mujer que asegura que en su juventud, siendo pastora, vió un gigante enorme, cubierto de pelo, quizá, decía ella, un extraño animal, una especie de gorila escapado de un zoológico.
La presencia de los gigantes y los hombres salvajes de los bosques es muy abundante en las leyendas del Pirineo. Esta figura mítica recibe muchos nombres. En el diccionario de Seres Mitológicos, Fantásticos y Misteriosos de Aragón escrito e ilustrado por Chema Lera, aparece una docena de denominaciones para estos seres: Ome Granizo, Chigán, Bigán o Gigant... todas estas denominaciones utilizadas en el territorio aragonés hacen referencia a su altura. El nombre de Crepazero hace referencia a su hábitat: las grietas y placas de hielo, las crepas. El de Brinzoner, quizá haga referencia a su cuerpo velludo, teniendo en cuenta que los brinzones son plantas de apretadas hojas punzantes que tapizan laderas de los montes aragoneses, y el mito dice que a veces no son plantas, si no la espalda de una determinada especie de gigantes que se mimetizan de esa manera. La presencia misteriosa de O Biello, el Viejo, un ser inconcreto que puede aparecer en cualquier momento en la montaña, dotado de autoridad y antigüedad. También el Bosnerau o Basajarau, el mito paralelo aragonés del Basajaun vasco, gigante poderoso y velludo, que ayuda a los pastores y rige la vida de los bosques. Algunas narraciones hablan de Genios de las Nieves y de Espíritus de las Montañas, seres incorpóreos ocultos en las montañas. Por último, se habla de los moros para referirse a una raza de grandes y extraños poderes, moras llaman a las fadas o hadas, y moros son los constructores de dólmenes.
La temática elegida, por tanto, ofrece una rica fuente de inspiración para la convocatoria de participación dirigida a los artistas interesados en el proyecto.
Queda por tanto la temática abierta a cualquier tipo de interpretación por parte de quien desee participar en la experiencia 'Estoesloquehay' Sesué 2008.